Castilla, 1 de febrero de 2025. En el número tres de #EligeCastilla, el boletín cultural, social y político del Partido Castellano-Tierra Comunera (PCAS-TC), te hablamos de Ramiro Núñez de Guzmán, líder de nuestra Revolución en León.
Nacido en el seno de una familia noble, Ramiro Núñez de Guzmán, señor del condado de Porma y de la villa de Toral, experimentó desde temprana edad la intrincada red de alianzas y conflictos que marcarían su destino. Regidor de León entre 1503 y 1520, su familia se manifestó claramente partidaria de la opción del infante don Fernando frente a la de su hermano Carlos para ocupar el trono.
Ante la llegada del joven Carlos y a raíz de los sucesos ocurridos hasta las Cortes de Santiago y La Coruña, su posición y su liderazgo se afianzaron al contar con el apoyo del regimiento, del Cabildo catedralicio y del conjunto de los sectores sociales de la ciudad, lo que le convirtió en el principal líder de la Revolución de las Comunidades en León.
En agosto de 1520 propuso y logró que el Ayuntamiento acordara el envío de un representante a la Junta de Ávila, lo que suponía la plena adopción por parte de la ciudad de la causa comunera. Para octubre, tanto Ramiro Núñez como fray Pablo de Villegas, prior del Convento de Santo Domingo, dominaban la situación.
A finales de año y mientras fray Pablo y Antonio de Quiñones, cuñado de Núñez de Guzmán, estaban en Valladolid y Tordesillas al servicio de la Junta, Ramiro Núñez reclutó hombres y dinero que envió a Quiñones, a la vez que frenó cualquier intento de marcha atrás, apoyado por los artesanos y menestrales de León. Lejos de León, combatían junto a los comuneros Juan de Benavente, canónigo de la catedral, Gonzalo de Guzmán y Fray Pablo, mientras que solo Francisco Fernández de Quiñones, conde de Luna, permanecía al lado de los partidarios de Carlos.
La evolución de los acontecimientos forzó a Núñez de Guzmán y a sus seguidores a participar de lleno en la guerra. Después de la batalla de Villalar, en la que combatieron, y al mismo tiempo que el conde de Luna entraba con sus tropas en León y se hacía dueño del poder a la vez que reclamaba para sí los bienes y estados de Ramiro Núñez, este logró huir con sus hijos a Portugal. El pueblo leonés, que tenía en mucho aprecio a los Guzmanes, se opuso a que se ejecutasen las órdenes imperiales, impidiendo el saqueo de sus bienes.
Excluidos tanto él como sus hijos del Perdón General de 1522 y condenado a muerte en rebeldía, su esposa se refugió en el castillo de Toral y posteriormente en el de Adrados, en la montaña leonesa. Ella reclamó la titularidad de los bienes y jurisdicciones de su marido. Pasados cinco años, y una vez que el rey hubo consolidado su posición, llegó en 1527 el perdón para los comuneros leoneses, aunque no se tienen noticias del regreso de Núñez de Guzmán.
En 1532, Carlos V ordenó la devolución de los bienes confiscados a la familia en el hijo menor, Martín. La familia y el linaje volvieron a su tierra, pero ya nunca más ostentarían poder en León, donde el conde de Luna, pese a no poder obtener los bienes de los Guzmanes, impuso su dominio absoluto.
En 1558, muerto el emperador, Juan, hijo del comunero y obispo de Calahorra, ordenó el derribo del antiguo palacio de sus mayores para construir el que actualmente ocupa la Diputación Provincial, que para los leoneses será siempre el Palacio de los Guzmanes.
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