Castilla, 1 de diciembre de 2024. En la sección Gigantes del número de diciembre de #EligeCastilla, el boletín cultural, social y político del Partido Castellano-Tierra Comunera (PCAS-TC), te hablamos de Agapito Marazuela (Valverde del Majano, Segovia, 20 de noviembre de 1891 – Segovia, 24 de febrero de 1983).
En Agapito Marazuela se unen persona y personaje, cotidianeidad y trascendencia, individuo y arquetipo. Figuras como la suya enriquecen la vida, elevan la convivencia a niveles profundos y nos conectan con la cultura popular, viva y permanente a través del tiempo.
Marazuela fue un destacado músico, reconocido por rescatar el folclore musical castellano y por su virtuosismo con la guitarra y la dulzaina. Nacido en una familia humilde, fue el único sobreviviente de 11 hermanos. A los siete años, una meningitis mal tratada le provocó la pérdida de un ojo y graves problemas de visión en el otro. Estudió solfeo y guitarra en Segovia y, a los 13 años, comenzó a formarse en dulzaina con el maestro Ángel Velasco. A los 14 ya trabajaba como dulzainero.

En 1917 se casó con Isabel Gilmartín, con quien tuvo una hija que falleció a los pocos meses. En 1920 se trasladó a Madrid, iniciando su carrera como guitarrista concertista. También enseñó a los que después serían destacados guitarristas como Eugenio Urrialde o José María de Andrés Maldonado.
En 1932 se unió al Partido Comunista y ganó el segundo premio en el Concurso Nacional de Música con su Cancionero de Castilla la Vieja con el título de Cancionero Segoviano, cuya publicación se retrasó hasta 1964. Durante la Guerra Civil participó en la defensa de Madrid y dirigió grupos folclóricos en la Exposición Internacional de París de 1937. Tras la victoria franquista, fue encarcelado y después confinado en un molino en Ávila.
Profundo conocedor de la música tradicional de Castilla, dedicó su vida a preservar este repertorio. Como intérprete de guitarra clásica, se inspiró en compositores como Falla, Albéniz y Tárrega, incorporando elementos de la música medieval española. Con la llegada de la democracia, fundó la Cátedra de Folclore y la Escuela de Dulzaina en Segovia, formando a nuevas generaciones de músicos y consolidando su legado. Su labor como recopilador e intérprete dejó una huella indeleble en la difusión de nuestro folclore, conectando a las personas con sus raíces populares y comunitarias.
En 2019, la cineasta Lidia Marín Merino estrenó el documental Agapito Marazuela, la estatua partida, en homenaje a su vida y su influencia en la cultura musical de Castilla.
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