El decadente gobierno municipal que preside en minoría Javier Lacalle, ante el abandono del Grupo Municipal del Partido Popular del exconcejal de Cultura, Fernando Gómez, nos propone un debate tramposo: la desaparición del Instituto Municipal de Cultura (IMC) como organismo autónomo. En esto, Lacalle, actúa guiado -como siempre- por cálculos partidistas y oscuros intereses; por un lado trata de ganar competencias para una Junta de Gobierno Local que controla el PP en el Ayuntamiento, y por otro sortear a una oposición mayoritaria en el seno del Consejo del IMC. Además, como si se acabara de caer de un guindo, evita reconocer el caos y corrupción creado por su hasta ayer “amiguito del alma” Fernando Gómez en el área de Cultura, Turismo y Festejos, donde le ha dejado campar a sus anchas, cobrar dietas por duplicado, gestionar organismos opacos como la Fundación Proyecta o el Plan Estratégico, como si fueran cortijos personales, y actuar sobre la cultura burgalesa con la prepotencia de un virrey en lugar de con la humildad de un servidor público.