El historiador ha visto en un domingo frío, en la plaza de Zocodover un grupo de jóvenes castellanistas, participar en un acto de afirmación castellana, cuando lo castellano parece disuelto y perdido. Recuperar lo castellano es tarea difícil. El viejo reino, siendo como fue una verdadera nación, no merece la calificación ni siquiera de comunidad histórica, hoy estas comunidades, son las que históricamente no tuvieron ninguna forma de autogobierno independiente. Permitiéndose acusar de centralismo a Castilla y ensañándose desde la periferia con lo castellano. No queremos convertirnos al victimismo típico de los territorios periféricos gobernados por nacionalistas, aunque nuestra resignación dura hasta hoy. Por eso cuando vemos en Zocodover a gentes centradas del Partido Castellano del norte y del sur de Castilla unidos en las danzas, en los símbolos, en la historia, en los que no existe nostalgia alguna, sino deseos de recuperar una cultura marcada por las libertades que pretendieron mantener un puñado de hombres y mujeres en las revueltas de las comunidades castellanas, frente al mas poderoso señor del siglo XVI. Observamos en ellos un embrión identitario, firmes en sus planteamientos políticos regionalistas, y en sus convicciones castellanistas. Se nos antoja un movimiento incipiente que hace historia poco a poco, en el mismo Zocodover el pasado domingo día 1 de febrero. Era un momento en los anales del castellanismo toledano ( a constatar por el historiador), que se dibujaba joven, discreto, ilusionado, nada resignado, reivindicativo, no se si utópico y por joven pujante que busca hacerse un hueco en el panorama político regional.