La salvaje y demoledora crisis económica que arrastramos desde verano de 2007, está cambiando de forma sangrante el paisaje de nuestro país, dejando una legión de afectados, que incluye a millones de parados, jóvenes emigrados, familias desahuciadas, comerciantes arruinados, autónomos empobrecidos, ciudadanos saqueados, entre otras muchas víctimas. Una nueva sociedad emerge, desigual, donde la riqueza se almacena de forma obscena en cada vez menos manos, donde los servicios públicos esenciales se privatizan y recortan, donde la presión tributaria se hace insoportable para las clases medias, y donde los culpables de este caos: políticos, banqueros, grandes empresarios sin escrúpulos, sindicalistas corruptos, etc… se van de rositas, a seguir alimentando sus rebosantes cuentas suizas.