Sarcófago paleocristiano de época preconstantina descubierto en 1627 en Layos (Toledo), pertenecía al Conde de Mora y se podía ver en su palacio de Layos. A comienzos del Siglo XIX fue trasladado al convento de Santo Domingo el Real (Toledo). Frederic Marès lo adquirió en 1940 tras serle ofrecido por la comunidad, según sus memorias.


