Castilla nos une

Castilla nos une

1.1.- Antes del año 800. TC-PNC. (22/10/2001)

La Prehistoria

Gracias a los hallazgos arqueológicos de la Sierra de Atapuerca podemos afirmar que la meseta norte castellana estaba habitada hace ya 800.000 años por el denominado “homo antecessor”. Serían los primeros descendientes europeos del “homo ergaster” africano y antepasados de los neandertal. Estos primeros habitantes conocidos de la actual geografía castellana eran altos, fuertes y de pequeño cerebro, pero con unas características faciales muy parecidas a las nuestras, con un aspecto más moderno que otros grupos humanos más cercanos a nosotros en el tiempo. Sin salir de Atapuerca encontramos restos del “homo heidelbergensis” con unos 300.000 años de antigüedad, del Pleistoceno medio, que eran muy altos y fuertes, de grandes cráneos todavía muy aplanados y claro prognatismo facial, con gran abertura nasal. Restos de neandertales se pueden encontrar en la geografía castellana en la cueva de Valdegoba en Huérmeces (Burgos) ó Los Casares (Guadalajara).

Finalmente, volviendo a Atapuerca encontramos restos de “homo sapiens sapiens” con una antigüedad de 5.000 años, correspondiente a poblaciones ganaderas, sus huesos son muy semejantes a los nuestros, sólo un poco más bajos y más robustos, pero mucho menos fuertes que los humanos de la Sima. Estos humanos ya dominaban la producción cerámica y la tecnología cerámica. De estos largos periodos prehistóricos numerosas muestras arqueológicas han quedado depositadas en los museos y otras, como las espectaculares pinturas murales de Altamira, en los mismos lugares habitados por nuestros antecesores.

La edad del Hierro

En la edad del Hierro oleadas de gentes de raigambre indoeuropea (celta), penetra en la península a través de los Pirineos, llegando a tierras castellanas a partir del s. VIII a. C.. Esta nueva población no eliminará al substrato mediterráneo ya existente, sino que lo aculturizará y desplazará a las zonas serranas, ocupando así esta nueva población los fértiles valles. Tenemos, entonces, antes de la llegada de los romanos, dos grupos étnicos: un substrato mediterráneo con cultura, raza y lengua procedente de gentes venidas de África, Asia Menor, Grecia, Etruria, Córcega y Cerdeña, de carácter matriarcal y ganadero, y tenemos también, un substrato «celta» especialmente emparentado con gentes que habitaron en la antigüedad Lomabardía, Occitania, Bretaña, Bélgica e Inglaterra. Estas poblaciones indoeuropeas son agricultores mayoritariamente y de sociedad patriarcal y estructura de clan, habitan en los valles y conocen la metalurgia del hierro.

Invasión romana

Con la llegada de los romanos a la península (año 218 a. C.), entra nuestra tierra a formar parte de la Historia escrita. La futura Castilla, está habitada por diversos pueblos de diversas culturas y etnias, muy lejos de formar un compacto grupo unido o una sola civilización. Así, a lo largo y ancho de la geografía castellana encontramos arévacos, pelendones, vacceos, turmogos, cántabros, berones, caristios, várdulos, carpetanos y vetones.

Los historiadores romanos, entre los que destaca Estrabón, nos han transmitido a través de sus escritos la resistencia de los montañeses cántabros, el sitio de Numancia o de las correrías de Viriato, con escenas realmente espantosas: las madres que matan a sus hijos para que no caigan en el poder del vencedor, el mozo que viendo a sus padres y hermanos prisioneros, los mata a instigación de su mismo padre, el guerrero que invitado a un convite, se arroja a las llamas, la mujer que se suicida después de acabar con sus compañeros de cautiverio, los que se envenenan con el tóxico de hierbas que llevan siempre consigo en previsión de la desgracia, y aquellos otros, más heroicos todavía, desde las cruces donde expían el castigo glorioso de haber defendido su tierra, insultan a sus enemigos y cantan alegres canciones de guerra.

Con el sometimiento de los pueblos indígenas por el imperialismo romano, la cultura de este substrato primigenio de la futura Castilla se pierde de una forma irreparable debido a la aculturización a la que es sometida por los romanos, el latín se convierte en el nuevo idioma, la ciudad se convierte en el centro de vida social dejando apartado el sistema de clan heredado de los pueblos de origen indoeuropeo. No obstante, de una forma subterránea esa identidad indígena no se pierde de una forma total.

Las invasiones germánicas

A principios del siglo V entran los primeros pueblos «bárbaros», suevos y alanos, en territorio peninsular. En el año 456, las tropas visigodas, otro pueblo germano, llegan a la meseta norte por la calzada romana Asturica-Burdigalam (Astorga-Burdeos) con su rey Teodorico II a la cabeza. A pesar de que con los años, los visigodos consiguieron ocupar finalmente toda la antigua provincia romana de Hispania y de que instalan la capital de su reino en Toledo, no son abundantes los restos arqueológicos que nos han quedado de su paso por estas tierras. Su dominio más bien fue militar y de aparato político y su presencia breve en número de gentes germanas, sin embargo, sus usos y costumbres influyeron en la cosmovisión de lo que en un futuro será Castilla.

El Islam

Las primeras noticias que tenemos de tropas árabes en territorio castellano son del año 711 con la toma de Amaya por parte del beréber Tarik. Amaya era por entonces la capital de Cantabria, uno de los ocho ducados en que se dividía el reino visigodo. En el 714, una segunda expedición al mando de la cual estaba Muza, establece destacamentos musulmanes en la cuenca del Duero. Durante los años 739 a 762, un despoblamiento general asoló las tierras de la cuenca del Duero en parte dirigido por Alfonso I para crear un vacío de tierras con carácter defensivo entre la Cordillera Central y las montañas cantábricas y así al mismo tiempo concentrar las tropas cristianas en las montañas.

Se crea en la actual provincia de Burgos una línea defensiva que desde el norte de Amaya iba hasta los montes Obarenes pasando por el valle de Valdelucio, garganta del Urbel y páramo de Masa. Tras esta muralla natural defensiva, llamada por entonces Vardulias, valles del Rudrón y Ebro, valles de Mena, Losa, las Merindades y zona de Miranda, se concentran gentes cántabras, vasconas e hispanogodas procedentes de otras provincias huidas de las actuales tierras segovianas y sorianas, personas apiñadas con hambre de pan y de guerra. Estas gentes con afán repoblador estaban a punto de gestar uno de los hitos más importantes de la historia.

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