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Lorenzo Silva, Comunero 2017.

Lorenzo Silva en la ofrenda floral a los comuneros de Toledo.

Los castellanistas se reunieron este año otra vez en Toledo, combinando lo festivo con las reivindicaciones políticas, que congregaron a media mañana a unas quinientas personas en la Plaza de Zocodover. Jotas castellanas, dulzaineros, chocolate caliente, flamear de morados pendones comuneros, cientos de curiosos turistas fotografiándose, discursos reivindicativos exigiendo la dignidad para una Castilla dividida y marginada, exigencias del fin del trasvase Tajo-Segura, medidas contra la despoblación del medio rural castellano, denuncias contra la corrupción de los partidos mayoritarios, urgencias en pro de la regeneración democrática.

Sobre las 13:00 horas, los asistentes marchamos en alegre y reivindicativo pasacalles, por las estrechas calles de Toledo, hasta la Plaza de Padilla, lugar donde se alzó la casa de Padilla y Pacheco, derruida por orden el Emperador Carlos, al tiempo que se aró y sembró de sal para que ni las malas hierbas crecieran donde vivieron tan temibles enemigos suyos. Una plaza de Padilla donde Juan de Padilla se hace presente en forma de estatua recientemente erigida, y donde las gentes del PCAS echan de menos una figura que nos recuerde a María Pacheco.

Allí rememoramos la actualidad y vigencia del movimiento comunero: un movimiento popular que reclamaba el protagonismo de las Cortes frente al absolutismo del Rey, que redactó una Constitución en la Santa Junta de Ávila, que construía el poder de los plebeyos en los concejos a través de estructuras democráticas y participativas como Las Comunidades. Un movimiento que creía en la libertad frente a la tiranía, en los derechos de los vasallos por encima de los privilegios de sus señores; una revolución moderna, que se adelantó en casi trescientos años a la Revolución Francesa, que diseñó un modelo económico propio para Castilla y que se negó a que un reino tan importante fuese subordinado a los intereses familiares y dinásticos de un emperador extranjero.

Allí también estuvo presente, como audaz pregonero del movimiento comunero, el escritor Lorenzo Silva, que protagonizó la reivindicación del castellanismo y de los comuneros este año en Toledo. Lorenzo Silva, ganador del Premio Planeta 2012 por su novela “La Marca del Meridiano”, nació en Madrid en 1966, es licenciado en Derecho; en su extenso recorrido como exitoso escritor, que suma 60 títulos, cabe destacar que obtuvo el Premio Nadal 2000 por “El Alquimista impaciente” y el Premio Planeta en 2012 por “La Marca del Meridiano”, cultivando en sus novelas la recreación histórica, la intriga policíaca y la denuncia social. Además de sus novelas es un escritor polifacético que ha realizado exitosas incursiones en el terreno de la literatura juvenil y en la elaboración de obras ajenas a la ficción.

En su intervención, Lorenzo Silva señaló que el levantamiento de las Comunidades supuso “la expresión de la mayor defensa de las libertades de un pueblo que entiende que no le debe una sumisión ciega ni perruna a su monarca, sino que este merece serlo en la medida en que reconoce y garantiza los derechos de sus súbditos”.

Interpreta Silva así que esa es la significación principal de su papel en la historia, frente a un poder como el que representaba entonces la monarquía española recién constituida y “puesta en manos de alguien tan ambicioso” como el que luego iba a ser también el emperador Carlos V de Alemania. “Impuso su voluntad en el resto de los reinos de España sin que nadie osara a enfrentarla salvo como lo hicieron los comuneros castellanos”.

“Estas revoluciones fueron la expresión de una voluntad del pueblo castellano de no obedecer sin más a quienes les dirigían, sino de exigir compromisos y lealtad por parte de sus dirigentes, que es algo que tiene un contenido muy moderno y muy reivindicable desde la época actual”, subraya.

En base a esta fascinación particular que le inspiran los Comuneros a Lorenzo Silva, afirma tener la sensación de que Castilla es una “realidad postergada”. “Con el aplastamiento del levantamiento de los comuneros cayó para siempre esa voz y desde entonces ha sido como un sujeto pasivo de la historia y creo que ha dejado que otras regiones impongan su agenda y vayan recibiendo atención preferente. Mientras, paradójicamente, esa Castilla postergada ha ido cargando con todas las culpas y con todas las responsabilidades por parte de un poder que no se ejerce en su beneficio”, argumenta.

También está Lorenzo Silva convencido de que Castilla, debe “hacer valer su papel histórico y su realidad humana, social, política y cultural”; que incluye, subraya el escritor, la autoría de la segunda lengua del mundo, “que parece que a veces los castellanos nos tengamos que avergonzar de eso”. Rememora con ello que su ascendencia es castellana, toda de hombres y mujeres trabajadores que “jamás expoliaron ni sojuzgaron a nadie”. Y concluye resaltando que muchos de los valores castellanos están expresados en su literatura, como sucede con Garcilaso de la Vega, Francisco de Quevedo, Calderón de la Barca o Miguel de Cervantes. “Lo que define ese carácter es la franqueza, la honestidad y el ir con la verdad por delante. Un carácter de hombres celosos de su dignidad y su libertad que ahora supone un legado muy valioso”.

(Fuente: http://burgosconecta.es/blogs/latenadadelcomun/2017/02/08/lorenzo-silva-...)

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