Castilla nos une

Castilla nos une

Siempre castellanistas.

Quiero aprovechar este espacio y este momento,para felicitar y animar a los numerosos alcaldes y concejales castellanistas elegidos, que, en pequeñas localidades, han asumido responsabilidades para con sus vecinos durante los próximos cuatro años.

Tras las pasados comicios, muchas personas me han preguntado ¿qué tal los resultados de las elecciones?, pues salvo los detalles generalistas que se muestran en los medios de comunicación, y que hacen referencia a los grandes partidos, la mayoría de la gente no sigue el detalle de pequeñas formaciones como el Partido Castellano (PCAS).

Y la verdad es que los resultados no fueron como esperábamos o deseábamos: fueron malos. Bajamos en votos autonómicos y municipales respecto a 2011, no conseguimos entrar en las grandes instituciones (parlamentos regionales, ayuntamientos de capitales de provincia o diputaciones provinciales), y nuestra representación institucional se limitó a una pléyade de cargos públicos municipales en localidades medianas y pequeñas repartidas por toda la extensa geografía castellana.

Cuando escuchan esta realidad quienes nos han apoyado con su voto, expresan su frustración ante lo que estiman una injusticia: “con lo que habéis trabajado durante cuatro años”, “con la gente tan maja que presentáis en vuestras candidaturas”, “con las valientes denuncias que habéis realizado en los juzgados contra la corrupción, mientras otros solo criticaban en los medios”, “con vuestro inquebrantable compromiso con el municipalismo, el medio rural y los pueblos”… Y me preguntan inquisitivamente… “¿qué ha pasado?… “y ahora, ¿qué?”

Desde mi punto de vista, los resultados de las candidaturas castellanistas deben interpretarse desde el contexto político y social general que se vive en toda España. Estas elecciones municipales y autonómicas han intensificado la voluntad de cambio político que la ciudadanía empezó a manifestar en las europeas de hace un año, y que se ha concretado en un fuerte retroceso del bipartidismo (PP y PSOE) y en el protagonismo de nuevos actores políticos, con los cuales se han identificado claramente los electores deseosos del cambio.

El voto de cambio no se ha dirigido a todo el sistema de partidos situados al margen del bipartidismo por igual, sino que se ha concentrado claramente en tres opciones: las candidaturas municipales de unidad popular, Podemos y Ciudadanos. Y además del bipartidismo PP-PSOE (que aunque disminuido sobrevive, dada su fuerza e implantación), los grandes damnificados son los partidos que la gente identifica como antiguos (UPyD e IU) y las formaciones de corte regionalista y/o nacionalista, por mucho que en algunos casos llevasen años defendiendo el mismo mensaje que hoy ofrecen Podemos o Ciudadanos.

Así, gente ética a carta cabal, luchadora y perfectamente vinculada a su tierra y su gente como mis amigos de Chunta Aragonesista, el partido de Labordeta, han reducido sus apoyos; lo mismo les ha ocurrido -en clave local y provincial- a los compañeros de ADEIZA en Zamora, que pierden su presencia en el Ayuntamiento y la Diputación de Zamora, por solo citar dos situaciones representativas.

Sin embargo, no todas las opciones nacionalistas y/o regionalistas han sufrido electoralmente. Opciones tan diferentes como Compromis en la Comunidad Valenciana o el Partido Regionalista Cántabro en Cantabria han tenido resultados muy positivos, y en ambos casos, por las mismas razones que han aupado a Ciudadanos, Podemos o las candidaturas municipales unitarias: tener líderes con fuerte presencia mediática en el ámbito nacional, en un momento en que algunos afirman sin rubor que el Parlamento del siglo XXI es el plató de las tertulias televisivas.

En estas elecciones han sido penalizadas las opciones políticas de pequeñas o medianas dimensiones, escasa o nula presencia en medios de comunicación estatales, con ausencia de liderazgos muy destacados e incapaces de trasladar sus propuestas hacia el público mayoritario.

¿Y ahora qué? Políticamente, las formaciones y las personas que defienden determinadas visones ideológicas de la sociedad y que comparten determinados valores, tienen tres opciones:

     · Renunciar a sus ideas para adaptarse a las opciones políticas ganadoras. Lo importante es medrar y conseguir escalar a escenarios de poder… estamos acostumbrados a ver personas que pasan por diferentes partidos en cada elección, con el único objetivo de situar sus ambiciones personales y económicas en la mejor posición.

   · Mantener sus ideas y valores sin modificación alguna, aunque queden en la más esterilizante marginalidad. Lo importante es ofrecer testimonio ante la sociedad y ante uno mismo… también vemos año tras año partidos que, ajenos a su desconexión social, siguen lanzando su mensaje en la cancha electoral, conformándose con la autosatisfacción de sentirse coherentes con su fe.

    · Saber ofrecer a la sociedad los valores e ideas que uno tiene desde el punto de vista que resulte más útil a las demandas y necesidades de colectivos sociales significativos, en un diálogo permanente con la propia ciudadanía. Ésta creo que debe ser la posición del Partido Castellano  (PCAS).

Desde mi punto de vista, los castellanistas tenemos unas fortalezas que debemos poner en valor y unos puntos débiles que debemos superar. Nuestro reto se centra en dotar a nuestra organización de una mayor base social, de definir los aspectos con más enganche popular del castellanismo, de elegir y profundizar en los vehículos más adecuados para su proyección social y mediática, de preparar a las personas que deben dotar de rostro humano al castellanismo del futuro.

En los pasados comicios municipales y autonómicos, los castellanistas obtuvimos 16 alcaldes, 80 concejales, 30 alcaldes pedáneos, 60 vocales en Juntas Vecinales… un total de casi 200 cargos públicos, y casi 1000 personas integraron las candidaturas del Partido Castellano (PCAS), que se presentaron en la práctica totalidad de las provincias castellanas. Son una base institucional sobre la cual, las gentes que creemos que la política en esta tierra debe ser ejercida desde la autoidentificación con nuestro territorio y con nuestra gente, seguiremos trabajando.

Mención especial merecen para mí los casos de Melgar de Fernamental y de Barruelo de Santullán. En la primera localidad, ha sido elegido José Antonio del Olmo alcalde, justo cuando se cumplen 20 años desde que ocupara esa misma responsabilidad, hasta que una rápida moción de censura, fraguada por el PP y alimentada por un tránsfuga del PSOE, pervirtiera la voluntad popular; suerte a los comuneros melgarenses.

Mientras, en la localidad palentina de Barruelo, años de desastrosa gestión municipal han hecho perder la mayoría al PP, y la candidata castellanista Maribel Martínez obtuvo la posición más votada de los tres grupos alternativos; sin embargo, el rechazo del PSOE e IU ha impedido que el cambio llegue a esta localidad de la montaña palentina… todavía.

Como nos cantaba Bob Dylan, los tiempos están cambiando. El hervor de los partidos emergentes deberá demostrar que la “nueva política” además de ser un atractivo lema, es una realidad; algo que muchos de los integrantes de las candidaturas de Ciudadanos o Podemos tendrán difícil acreditar. La gente ya no acepta que su participación política y social se limite a votar cada cuatro años, sino que reclama cauces que les permitan ser protagonistas de la gestión de lo público.

Son muchos quienes exigen que el ajuste de cuentas con décadas de corrupción y despilfarro en las instituciones no puede limitarse a un cambio de caras y de siglas, sino que debe levantar todas las alfombras y desmontar el tinglado mafioso entre políticos, empresarios y medios de comunicación. Los jóvenes, los parados, los precarios, los olvidados socialmente creen con razón que ha llegado el momento de buscar una salida más justa a la crisis económica. Y los habitantes del medio rural barruntan que, tras décadas de olvido, la lucha contra la despoblación, el envejecimiento y por unas condiciones dignas en nuestros pueblos deben ser de una vez prioridades de los gobernantes.

Y en estos nuevos tiempos, en estos escenarios inciertos, la lucha y el trabajo de los castellanistas, treinta años después de que comenzará a fraguarse Tierra Comunera (TC), sigue siendo tan necesaria, tan imprescindible como siempre.

Siempre castellanistas.

 

 (Fuente: http://burgosconecta.es/blogs/latenadadelcomun/).

 

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